El municipio lo forman 24 pueblos con capitalidad en Cervera y con aproximadamente 3000 habitantes: Rabanal de los Caballeros, Valsadornín, Gramedo, Vañes, Estalaya, Verdeña, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería, Ruesga, Ventanilla, Resoba, San Martín de los Herreros, Rebanal de las Llantas, Santibáñez de Resoba, Quintanaluengos, Rueda de Pisuerga, Vallespinoso de Cervera.

Posiblemente el nombre de Cervera derive de “Cervaria”, en alusión a la gran cantidad de ciervos que poblaban en tiempos de la repoblación sus bosques.

Fue la localidad de Cervera uno de los pasos de obligado tránsito para los romanos, a través de una calzada que unía la Meseta con las tierras cántabras. Corrió Cervera una suerte similar a los cántabros por ser villa fronteriza con ellos, con invasiones y saqueos; vivieron sus habitantes en castillos roqueros y en pequeños núcleos de población. Cervera siempre contó con una gran importancia política en los siglos X y XI y fue alfoz y cabeza del territorio. Ya en el año 818, se cita a la localidad como “Cirbaria”, en la fundación del monasterio de San Pedro de Naroba en la Liébana cántabra.

Sufrió Cervera una gran despoblación durante la invasión musulmana y en el siglo XI parece fue repoblada por dos monjes lebaniegos y anexionada posteriormente a uno de sus monasterios. Fue asimismo antigua cabeza de la merindad del Condado de Pernía.

Alfonso IX cedió a su hijo la Pernía, Liébana y Cervera que pasaría a formar parte de la merindad de Aguilar.

Los pobladores de Cervera, al avanzar la Reconquista, fueron bajando gradualmente de los altos y castillos a residir a la llanura, época en la que aumentó la población de Cervera, se encauzaron sus ríos, etc.

Desempeñó esta villa un importante papel en los avatares de la Reconquista y los heroicos guerreros cerveranos participaron en la conquista de Baeza de 1227, por lo que la villa recibió ciertos privilegios y mercedes. De tal hazaña histórica provienen sus símbolos heráldicos, las armas reales leonesas y la bordura en rojo con ocho aspas de oro. Alfonso XI (1312-1350) concedió a Cervera aquel famoso apodo de “valor y lealtad” debido al honor y gloria mostrados por sus hombres en la batalla del Salado.

En lo eclesiástico, fue Cervera en origen del obispado de Asturias y, desde el siglo X, pasaría al de León, al que ha estado vinculado hasta el 1 de marzo de 1955 que sería incorporado al de Palencia.

Ya en 1379, Pedro Fernández de Velasco, Señor de Herrera, extendía su señorío a Cervera. De ser esta villa de señorío de los Velasco pasó al Conde de Siruela, habiendo sido el primer conde Fernando de Velasco en 1447, fundador del convento de San Agustín y abuelo del primer Condestable.

Goza Cervera de una cierta característica singular y pintoresca a modo de convergencia entre Castilla y Cantabria, destacando varias casonas hidalgas, bellos soportales y escudos de los Calderón, los Cossío, Vélez de Cossío, Inguanzo, etc. Según el Censo de Floridablanca de una población cerverana de 800 habitantes, 84 eran hidalgos, desde luego, personas muy influyentes en la vida social, económica e histórica de la villa.

Escudo en la fachada

Entre los hidalgos que más brillaron en Cervera fueron los de la familia Gutiérrez de Mier, polarizadores de la vida social y religiosa de la villa, que habían venido de las cercanías de Covadonga; ese linaje se estableció también en la cántabra Cabuérniga, otros en Camasobres, Los Redondos y de aquí emigraron a México –uno de ellos sería el bisabuelo del Príncipe de Mónaco, Rainiero; otros vinieron a Cervera, como fue el fundador de la capilla de Santa Ana, de finales del siglo XV: Gutiérrez de Mier, que fue además el gran impulsor de la riqueza artística de Cervera, fiel servidor de los Condestables y sobre manera de Doña Mencía de Mendoza, esposa del Condestable; fortaleció su mayorazgo ese personaje comprando bienes en Burgos, sus alrededores y sobre todo en Cervera. Mientras estaba en la batalla de Granada, su esposa, Doña Mencía, planeaba la construcción de la Casa del Cordón de Burgos así como la capilla de los Condestables en su catedral. A la vez, su súbdito Gutiérrez de Mier, levantaba el palacio de Cervera, hoy museo de Piedad Isla; y construía, junto a su mujer Isabel de Orense, en 1513, la capilla de Santa Ana con su valioso retablo en cuyo banco se encuentra la valiosa tabla de Juan de Flandes con dos bajorrelieves: en uno, Santa Elena y, en el otro, San Andrés con su Cruz aspada.

La magnífica iglesia parroquial, dedicada a Santa María del Castillo, domina el poblado desde una colina, y parece haber sustituido a otro templo más rústico y humilde. Más adelante el cura, Pedro González de Pineda, inició las obras de construcción de otro templo, acorde con la riqueza de esa capilla, obras que se alargarían hasta el siglo XVII.

Iglesia parroquial de Santa María del Castillo

La torre de Santa María del Castillo es de estilo gótico avanzado, su ábside se levanta en cuadro, el interior es de una sola nave y es bastante suntuoso, el retablo barroco del altar mayor fue reformado en el siglo XVII y con un camarín para una Virgen del siglo XIII originario de esta parroquia.

Primorosas son las tallas góticas de la citada capilla de Santa Ana con un importante grupo escultórico de esa Santa, la Virgen y el Niño, obra gótico-renacentista del gran Felipe Virgany así como bellas esculturas de San Francisco de Asís y San Juan Bautista.

Cuadro Retablo Juan de Flandes

Pero la obra más importante es la tabla de la Adoración de los Reyes de Juan de Flandes, manteniéndose a su lado los dichos destacados relieves de San Andrés y un santo guerrero que porta como trofeo una gran Cruz que ofrece a los Santos Reyes. Tales esculturas son modelos ejemplares de la iconografía española, rematando este magno retablo una Piedad de piedra.

Existían en término de Cervera tres ermitas: la de Santa Leocadia, en Carracedo; San Florián o San Julián de Peñas Negras y San Juan de Quintanilla cuya existencia ya se consignaba en el siglo IX. La de San Vicente, excavada en piedra, se encuentra junto a la fortaleza de Vallejera; la de Santa Cecilia, se hallaba en Peña Barrio; la de San Sebastián, en el mercado viejo, cerca del cuartel de la Guardia Civil; la de Santa María Magdalena, hoy es ocupada por los jardines del Ayuntamiento; existen además la de San Roque y la Cruz; pero tan sólo quedan en pie la de San Vicente y la de la Cruz , ésta con espadaña barroca y que fuera construida en 1783 por el abogado cerverano y residente en Madrid, Francisco Gómez de Cos.

Existieron en Cervera otras dos iglesias: la de Santa Leocadia, en Cariacedo, y la de San Julián de Peñas Negras, además de las fortalezas de Peñas Negras y Vallejera; quedan restos de construcciones en Peña Barrio y del convento de San Agustín en la finca llamada “el Convento”; tal convento fue fundado por Fernando de Velasco y su esposa Leonor de Carrillo, primer conde de Siruela, en 1441; en él recibió la primera enseñanza Modesto Lafuente.

La conocida como “casa de los leones” fue construida en el siglo XVII, ha sido remodelada y se dedicará a servicios municipales; interesante es también el palacio en la subida hacia la iglesia, reparada por la Diputación y dedicada a Casa de Cultura. La plaza porticada, residencia de modestos hidalgos, cuenta con columnas de piedra y capiteles, construidos en los siglos XVI y XVII.

Cerca de Cervera se levanta el Parador Nacional “Fuentes Carrionas” inaugurado en 1975 y a su falda, el pantano de Ruesga, lugar de esparcimiento y recreo. Se erige Cervera en centro básico turístico-comercial y administrativo de la Montaña Palentina y núcleo de esa basta comarca norteña. Pero Cervera también ha sido un pueblo minero pues cerca de la localidad se han explotado diferentes minas de antracita. Ya en 1885 había en el paraje de Carracedo un criadero de pirita que empleaba a 120 obreros.

Posiblemente el nombre de Cervera derive de “Cervaria”, en alusión a la gran cantidad de ciervos que poblaban en tiempos de la repoblación sus bosques.